El Chino no ha muerto. Crónica de la presentación de ‘Matar al Chino’

casasoliEl Chino no ha muerto. Ha cambiado de nombre pero no ha muerto. El Chino resiste, vive y lucha cada día. También el domingo. También el domingo 30 de noviembre…

Mañana de lluvia y viento. Salgo de mi casa bien abrigada y aún no despierta del todo. Destino: Casa de la Solidaritat. Motivación: participar en otro evento más organizado por el “Agora Juan Andrés”, el espacio liberado por y para un barrio que se niega a ser destruido. Después de “Desmontando el caso de la Vampira del Raval, misoginia y clasismo en la Barcelona modernista” de Elsa Plaza, hoy, el libro presentado será “Matar al Chino. Entre la revolución urbanística y el asedio urbano en el barrio del Raval de Barcelona” de Miquel Fernández.

En la calle Vistalegre, a la entrada de la Casa de la Soli, me encuentro con Miquel (el autor del libro), Manuel Delgado, Iñaki del Lokal y Miguel de Virus. Reconozco también a una de las chicas que había participado en la cacerolada de la Putas Indignadas el miércoles pasado para reivindicar los derechos de todas las trabajadoras sexuales a ejercer su profesión dignamente, sin maltratos, acosos, expulsiones. Serán estas cinco personas las que animarán la charla-vermut de este domingo.

Entro en la Casa, saludo a los chicos del Lokal que están sentados detrás del rebelde chiringuito de hojas anticapitalistas y entro en la sala del fondo. No es lo mismo celebrar este evento en un lugar cerrado que en el mismo Agora. Pero el calor que se va creando poco a poco gracias a la presencia de todas estas personas (¿un centenar?) es algo placentero. Y si a esto, se le suma un buen vermut y una tapita de hummus casero hecho por Carme, pues ya no hay que preguntarse más porqué el despertador ha tocado a las 11 de un do(r)mingo…

La charla empieza con el discurso de Miquel sobre su libro, sobre una cuidadosa radiografía de un barrio, el Raval, violado por el sistema, colonizado por el dinero, bombardeado por la maquina del poder. Entrelazando unas reflexiones historiográficas sobre las intervenciones urbanas en el barrio con un estudio etnográfico en calle d’ En Robador, el autor nos habla de como el Raval y sus habitantes han vivido en su propia piel los efectos de un urbanismo de control, de expulsión, de re-habilitación. Como comenta el antropólogo Manuel Delgado, “el trabajo de Miquel Fernández es también un estimulo para pensar sobre la vocación última de todo urbanismo, su obsesión por redimir la ciudad de una prostración que se nos exhibe como resultado de algún tipo de pecado original que exige con urgencia su expiación”. El barrio Chino era una barrio que tenía que ser redimido en nombre del bien.

Pero, como bien nos recuerda Iñaki y como nos enseña Janet, el tejido urbano es demasiado fuerte para dejarse deshacer. Allí, en las grietas de solares hipotecados y abandonados, en rincones de callejuelas destrozadas por las reformas urbanísticas, en antros que intentan sobrevivir a las olas de un turismo invasor, allí hay vida, orgullo, organización, lucha, autonomía. Allí las vecinas y los vecinos resisten. Allí las vecinas y los vecinos resistimos. Luchamos para re-inventarnos el Raval que queremos, el Raval que soñamos, el Raval que nos merecemos. Luchamos para mantener viva la memoria de aquel Chino que de diabólico nada tenía, de sus calles que en cambio ofrecían amor, pasión, vida. Luchamos para dignificar muertes “chinas” y muertes “ravaleras”. Muertes que han unido y que están dejando paredes coloradas, solares animados, corazones aún mas agitados…

Ya son las 14 horas. Janet ya habló de la campaña Prostitutas Indignadas y de la lucha de las vecinas de calle d’ En Robador. Miguel (de Virus) ya nos informó sobre la iniciativa del 17 de diciembre en calle d’ En Robador que cierra el ciclo de encuentros #MatarAlChino, Iñaki ya nos invitó el domingo 14 de diciembre a la Jornada de Suport a la Campanya #JusticiaJuanAndrés e Isa ya repartió unas cuantas esquelas para #ElDiaDeTodosLosAntros.

Salgo de la Casa. Ya no llueve. Un rayo de sol busca espacio entre las nubes, iluminado la aceras de nuestro querido barrio, mutilado sí, pero jamás asesinado. ¡Que viva el Raval!

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